La Historia detrás de ESOS LOCOS BAJITOS…

POR COSAS Y CASOS DE LA TECNOLOGÍA, ESTA HISTORIA DEBIÓ SALIR A LA LUZ MUCHO ANTES

ESOS LOCOS BAJITOS…

Hace poco intercambiaba placenteramente con dos amigas latinoamericanas (dos chicas sanas), cuando una de ellas, la llamaré Carmen, me dijo que quedaba asombrada cuando observaba a las niñas y niños cubanos. Eran demasiado vivos, inquietos, inteligentes y habladores para los niños promedio de su país. Su amiga, la llamaré Tatiana, estuvo de acuerdo con ella.

Y mientras el viejo Serrat me viene a la mente, acostado me pienso en la verdadera razón de la viveza de estos pequeños locos bajitos. Lo primero, en un arranque de egocentrismo puro: Si!!! Son taaaan inteligentes, más que los demás!!!! Sin embargo, después de esta imbecilidad pensada, entre en el mundo cuerdo. No será que los estamos deformando? Viendo a un pequeño príncipe que tengo de sobrino, su interacción con el mundo y como los mayores de edad lo tratan.

La vida diaria nos juega malas pasadas, nos llena a veces de fustraciones, de odios, tristezas y otras damas amargas. Y se las damos diariamente de herencia a nuestros vástagos. “Los cargamos con nuestros dioses y nuestro idioma, nuestros temores y porvenir”.

Crecen, van creciendo, y los dejamos a un lado en el caos de la vida confiando que son pequeños, que no entienden nada a su alrededor, por tanto no absorberán nada, pero son esponjas. Ese es nuestro primer error, desplazamos nuestras prioridades para atenderlos materialmente. Si, les damos todo materialmente, pero la vorágine del trabajo, del cansancio, nos roba la oportunidad de mostrarle la belleza del Arcoiris, alguien dijo que esto es cursi. Lo único que le enseñamos, aunque no queramos, es a soportar que les gritemos, irritados por el regaño de nuestro jefe, cuando se cayó el vaso de leche de sus aun torpes manos; que los castiguemos, malhumorados porque pasamos por el spa de la guagua, por su natural inquietud de niño.

Algo más, los llenamos con nuestro lenguaje de adulto, nuestra música de adulto y nuestra ropa de adulto. Al cabo de algunos años, tenemos una personita, reflejo fiel de virtudes y defectos, estos últimos más ocultos, toda una bomba de relojería. Y nos satisface. Vemos una cotorrita repetidora, que canta, baila y recita. Que lo habla todo, incluso aquello que no queremos que revelen. Las verdades que ocultamos se develan ante la inocencia. Y los volvemos a castigar por nuestros errores.

Luchamos contra ellos, en vez de entenderlos, en la adolescencia; período convulso donde la actividad neuronal se ve afectada por la alta tasa hormonal que caracteriza este tiempo. Sigue creciendo, solo aconsejado y guiado por otros adolescentes tan trastornados como él (o ella). Les caemos, junto al mundo, encima cuando “meten la pata antes de tiempo” (viene un niño en camino), o cuando descubren que son homosexuales, pero solo se lo cuentan al amigo que lo ha iniciado en ese mundo.

Y al final, nos asombramos, cuando nos dejan solos en un asilo, y se nos cae la baba y el líbido no se acuerda de aparecer. Tan solo se prometen no acordarse más de esas cosas que les hicimos… tan solo para repetirlas nuevamente con sus hijos en una nueva espiral del ciclo de la vida.

Después de tantos confusos pensamientos, producto al momento que vivía, me viré a mis acompañantes les sonreí y dándoles la razón seguimos en nuestro íntimo intercambio.

 

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